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  • Isabelle Sandoval

Siguiendo el Sendero Manito: Un Cafecito del Lado Oeste de Laramie, 1950

Isabelle Sandoval

Educadora retirada

Santa Fe, NM

Traducido por Jesús Villa



La escolarización empieza en casa y está formada por normas sociales complejas. El rol social de la mujer transende las fronteras y las oportunidades de la comunidad. En Laramie, Wyoming en 1950, a parte de ser cuidadoras principales, Manitas trabajaban por salarios fuera de la casa como criadas, cocineras, lavaplatos, lavanderas, y limpiadoras para restaurantes, hoteles, la Universidad de Wyoming, doctores, y familias.


Como una muchacha nacida y criada en los años cincuenta en Laramie Oeste, me asombró la energía de las Manitas. La mayoría de los hispanos y las personas con dificultades económicas en Laramie vivían en las casas de renta baja en el Lado Oeste de la ciudad, adyacente a las vías de ferrocarril. A falta de carros, las mujeres y los niños del Lado Oeste estaban conectados en pia al centro por el viaducto y la pasarela. El elemento esencial de respeto era observado en el Lado Oeste. Los niños reconocieron los adultos por honrar la familia. Familiares llamaron sus vecinos Don Marcos o Doña Marta como una marca lingüística arcaica de la cultura nuevomejicana.


La casa de nuestra vecina en el Lado Oeste de Laramie


El barrio diverso consistía de nuevomejicanos, coloradeños del Valle de San Luis, familia de México, y residentes Anglos. En 1948, Victor y Mary Ybarra vendieron un edificio en Calle Fremont Oeste a Flora Hayes de la Iglesia de Dios en Cristo. Miembros negros de la iglesia Black agraciaron el barrio en domingo por la mañana con canciones melodiosas, predicación, y ventas de garaje extraordinarias.


Mi linda mamá, pelirroja y de piel de marfil, trabajaba como una cocinera en el restaurante de un hotel y adueñó de las necesidades del hogar con sus peticiones anteponiendo sus deseos con mi hijita o que muchacha. Como niña, me crié en la cultura femenina normativa de mi hogar. Mis padres se hablaban en español entre ellos y con familia y amigos. Mis padres me animaron a contestarlos en inglés porque ellos habían sido castigados por hablar en español en la escuela en Nuevo México. Se suponía que el inglés era el portal a un futuro mejor.


La mañana del lunes se dedicó a lavando la ropa en el sótano. Tinas de ropa blanca remojando en Clorox se lavaron para la semana. Pilas de ropa se separaron para lavar: ropa blanca, ropa de cama de colores claros, y ropa oscura. Despues de lavando con detergente en polve en la máquina Maytag, cada artículo de lavandería fue escurrida y depositada en una tina de agua limpia y luego escurrida de nuevo. La ropa de algodón, como las camisas y los vestidos, estaba saturada en una tina de almidón cocido y escurrida una última vez. La ropa se colgaba afuera con pinzas de madera en el tendedero para que se secara.


Secar la ropa en Wyoming era difícil. Si el tiempo estuviera nevado, la ropa tenía que ser colgada en el sótano porque la temperatura exterior congelaba la ropa hasta convertirla en hielo duro y grueso que cortó la mano. Cenizas de los trenes de vapor cercanos a menudo llovían depósitos de confeti negro sobre la ropa. La ropa sucia de ceniza tuvo que ser lavada de nuevo.


Nuestra cocina.


Colgando la ropa pa'juera proporcionó a las mujeres la oportunidad de hablar. Con sus esposos trabajando en el ferrocarril, la cementera, transporte de basura, o en otro lugar, las mujeres podrían hablar libremente. Las Manitas charlaron afuera para planear un cafecito en un momento determinado más tarde en la semana.


Cafecitos de lujo trimestrales fueron atendidos por un puñado de amigas cercanas. Cafecitos semanales fueron atendidos por Doña Luisa, prima Esperanza, o tía Mary. El café se hizo en la cafetera de vidrio Pyrex o la cafetera eléctrica. Tazas y platillos florales de porcelana astillada, desechados por la universidad, fueron colocados junto con servilletas y cucharas de papel en la mesa de la cocina. Cerillas y un cenicero de vidrio ambarino acentuaba el ambiente.


Auténtica taza de sororidad astillada de la Universidad de Wyoming, donada a mi madre.


Los niños eran ahuyentados mientras las mujeres bebían sus cafecitos con leche enlatada y azúcar. Mientras las mujeres compartían sus horarios semanales y problemas, el humo arremolinado de los cigarrillos mentolados Salem rivalizaba con la psicoterapia freudiana: las mujeres sin entrenamiento psicoanalizaban los problemas y propusieron posibles soluciones. Mientras su lápiz de labios rojo teñía las tazas de café y las colillas de cigarillos, las vecinas parecían dispuestas a enfrentarse a las pruebas de la semana. Las lágrimas, las risas y los gritos resonaron a lo largo de la dinámica conversación en español. Las mujeres se abrazaron al final de la hora de visita, y sus cajetillas de cigarillos fueron devueltas al bolsillo del delantal de lujo.


Recuerdo a Doña Luisa saliendo la casa en su abrigo le lana púrpura con el collar de leopardo de Peter Pan. Le pregunté a mi amá si realmente enseñaba escuela en Mora, NM durante la Segunda Guerra Mundial. Sus ojos brillaban al recordar su labor docente. Tenía miedo de preguntarla por qué no enseñaba en Wyoming.


Mi corazón bailó al ritmo de la canción futura de la Disparidad de Opportunidades para las Manitas. El rocanrol Manita nació en Wyoming. Los tiempos buenos pronto serían obsoletos.

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